La historia de la nena que a los tres años fue abusada por su padre y todavía vive en la injusticia

niña abusadaHoy tiene trece años y hace diez que su mamá pide justicia. Sin embargo la causa puede prescribir. El caso fue tan escalofriante que el juez no pudo soportar el relato.

Cuando Lorena Blanes salía de su casa con su hija menor, L. quedaba al cuidado de su padre. L- así la llamaremos- tenía en ese momento menos de tres años, y su mamá nunca había percibido ninguna situación extraña en la conducta de su marido. Eran un matrimonio joven, con los problemas normales que puede tener cualquier pareja...
La nena empezó a tener flujo vaginal y por eso Lorena la llevó al médico de su obra social. Pero L. tenía otros comportamientos extraños. Cabalgaba sobre su hermano mayor y se masturbaba con pequeños juguetes, tenía problemas para dormirse, se aislaba en el jardín y no se relacionaba con otros chicos. Les tenía miedo a los peluches, sobre todo a los grandes y decía que el papá "tenía una araña grande" que la asustaba.
Lorena llevó a terapia a su hijita . Ella entonces pudo contarle que su padre abusaba de ella sexualmente, lo que produjo un desgarro certificado por los forenses, y que la amenazaba para que se callara.
Finalmente, desesperada, Lorena se presentó en Tribunales. Desde que se hizo la denuncia penal en San Isidro, la fiscalía a cargo de Patricio Ferrari no avanzó demasiado. Según Lorena, todo se conjugó -ineficiencia, negligencia, posturas que transforman a la víctima en victimaria- para que el tiempo pasara y la causa esté a punto de prescribir, según la calificación que ahora discute la abogada de la querella. "Llegaron a decir que la nena había sido preparada para declarar", lamenta Hilda Cucchietti. "Cuando le dije que la nena tienía un desgarro, un funcionario de la fiscalía contestó ' pero un poco', y cuando argumenté que se trataba del padre me dijo 'y bueno...' . Ya le advertí que podía recusarlo", apunta.
Cuando le dije que fue desgarrada el fiscal contestó "pero un poco".
Lo real es que una primera psicóloga que intervino en el caso opinó que L. "no estaba preparada" para ser sometida a una cámara Gesell, y la causa fue archivada. Lorena se constituyó como particular damnificada, se nombró a una nueva psicóloga que sí opinó que debía hacerse el procedimiento, pero para concretarlo fijaron una una fecha varios meses más tarde. La declaración de L. fue tan contundente que el juez, Diego Martínez, a duras penas pudo soportarla. La desgrabación demoró 60 días más. Desde la presentación de la abogada hasta la cámara Gesell pasó casi un año y medio.
La defensa pidió entonces la prescripción, basada en la calificación de abuso simple, que tiene una pena de cuatro meses a seis años. Pero el delito real, según Cucchietti, tiene una pena mayor porque hubo penetración- de tres a diez años- y por ser el padre quien lo cometió, la pena aumenta: es de ocho a veinte años. De modo que la prescripción, según la representante legal, no corresponde de ningún modo.
L. tiene ahora 13 años. Es una buena estudiante y una chica alegre. Hace muchos años que ni ella ni su hermano ven a su papá. De hecho, según Lorena, su hijo mayor fue abusado también, porque se lo obligaba a presenciar lo que le hacía a su hermanita. "Pero él no quiere hablar de eso, y tiene una vida normal", explica. Si la causa prescribe, Lorena teme que el padre pida la revinculación con los chicos. Lo único que sabe de él es que está trabajando como jefe de seguridad en un importante hipermercado.
Actualmente, varias medidas solicitadas por la letrada Hilda Cuchietti tratan de evitar la prescripción del acusado, Alejandro Della Bitta. Entre ellas, el pedido de la historia clínica de L. y una pericia psiquiátrica de su padre.